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Alergias e intolernacias alimentarias

Uno de los problemas de salud más frecuentes en la sociedad actual son los trastornos digestivos. Hinchazón abdominal, gases, acidez, estreñimiento y/o diarrea… son síntomas cada vez más frecuentes. Comer deprisa, el estrés, una dieta rica en alimentos procesados, dulces o grasos, o el consumo de frecuente alcohol, tabaco y medicamentos, pueden provocarnos estos problemas digestivos. Una vez que hemos cambiado nuestros hábitos, si el problema persiste, debemos plantearnos si detrás de una mala digestión puede estar una alergia o intolerancia alimentaria. Según los datos de la Academia Europea de Alergia e inmunología Clínica, 17 millones de europeos sufren algún tipo de alergia relacionada con la comida. La cifra aumenta si hablamos de intolerancias.

¿Cuál es la diferencia?

No se pueden confundir las intolerancias alimentarias con las alergias. Aunque las medidas a seguir en ambos casos son similares y pasan por evitar el alimento que provoca los síntomas, el origen y las consecuencias de unas y otras son diferentes.

Intolerancias

La intolerancia alimentaria se produce cuando nuestro cuerpo no puede asimilar adecuadamente un alimento o alguno de sus componentes. Las intolerancias pueden tener un origen diverso, pero nunca inmunológico. Pueden ser de origen enzimático, debido a un déficit de las enzimas encargadas de metabolizar un alimento, como en la intolerancia a la lactosa por deficiencia de la enzima lactasa. También pueden ser intolerancias farmacológicas, debidas a compuestos químicos (histamina, tiramina…) que contienen de forma natural determinados alimentos, o debidas a la presencia de aditivos alimentarios como los sulfitos. También hay intolerancias cuyo mecanismo no es bien conocido.

Los síntomas producidos por la intolerancia alimentaria son náuseas, diarrea, hinchazón y dolor abdominal. A diferencia de las alergias, en el caso de las intolerancias, dependiendo del grado de la misma, se pueden ingerir pequeñas cantidades del alimento sin que se produzcan síntomas.

Mención especial, por su prevalencia, merece la celiaquía, una enfermedad autoinmune que afecta a la mucosa del intestino delgado. Quien la padece no es capaz de procesar el gluten –una proteína que está en el trigo, la cebada, la espelta, el centeno…- y, si lo toma, sufrirá una inflamación de la mucosa, con la consiguiente dificultad para absorber los nutrientes de los alimentos. Sufrirá, además, síntomas digestivos como el dolor abdominal, la diarrea o los vómitos.

Alergias

La alergia alimentaria es una reacción adversa a un componente de algún alimento que es inofensivo, pero que algunas personas lo perciben como peligroso y reaccionan contra él. A estos componentes se les conoce como alérgenos. Las alergias alimentarias están producidas por un mecanismo inmunológico. Entre los alérgenos alimentarios más frecuentes están la proteína de la leche, los frutos secos, los huevos, los crustáceos, el pescado o algunas frutas.

Lossíntomas más frecuentes son urticaria, hinchazón de los labios o los párpados, picor de boca y garganta, vómitos, diarrea o rinitis. En casos graves puede aparecer una reacción anafiláctica que puede poner en peligro la vida de la persona.

El tratamiento consiste en eliminar de la dieta el alimento causante de la alergia ya que, incluso el contacto con cantidades muy pequeñas, puede desencadenar la reacción alérgica.

Probióticos en alergias e intolerancias alimentarias

Tanto en el caso de las intolerancias como en las alergias a los alimentos, la mucosa del intestino delgado queda dañada perdiendo su función “barrera”, disminuyendo la producción de enzimas digestivas y destruyendo el ambiente perfecto para que los microorganismos que habitan en nuestro interior convivan en armonía. Esto da lugar a una alteración de la permeabilidad intestinal permitiendo el paso de residuos bacterianos y macromoléculas alimenticias no digeribles al torrente sanguíneo que pueden originar reacciones inflamatorias e inmunitarias crónicas, tanto a nivel digestivo como sistémico.

Los probióticos son microorganismos vivos que administrados en cantidades adecuadas confieren un beneficio a la salud del huésped. Se sabe que determinados probióticos pueden ser utilizados en el tratamiento de los desórdenes gastrointestinales en caso de alergias e intolerancias alimentarias. Son capaces de modular la microbiota gastrointestinal endógena y las reacciones del sistema inmune a través de múltiples mecanismos, incluyendo inmunorregulación por disminución de las moléculas pro-inflamatorias y la promoción de moléculas protectoras.

Entre las cepas probióticas destaca el Bifidobacterium longum ES1 que ayuda a mejorar la recuperación de los celiacos aportando protección a la mucosa intestinal. En concreto, esta cepa es capaz de procesar de forma diferente las proteínas de los cereales, disminuyendo las citoquinas pro-inflamatorias y aumentando las anti-inflamatorias. Además, inhibe parcialmente el crecimiento de bacterias patógenas que son comunes en el intestino de los celiacos. En definitiva, los probióticos compiten con estas bacterias favoreciendo la recuperación del equilibrio de la flora intestinal.




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